Viva viva viva!...

domingo, marzo 06, 2005

 
Bien, luego de un año de agotador trabajo y habiendo suspendido mis vacaciones que iban a empezar el lunes pasado porque soy demasiado importante en mi empresa (...bueh!), es que este viernes que pasó me fuí con un amigo a Villa Gesell a pasar el fin de semana.
Ya había amigos allá, así que sólo teníamos que preocuparnos por el combustible y los peajes.
Salimos el viernes con el mejor sol, cagados de calor agarramos la Panamericana, Gral Paz, Lugones, cruzamos la Capital y luego tomamos la autopista hacia La Plata, llenos de esperanzas, alegrías, de expectativas por las seguramente excitantes aventuras que nos iba a tocar vivir en nuestra corta estancia en la famosa ciudad balnearia.
Llegamos ese mismo viernes a las 11:00 aprox, con la luna brillante. Sin embargo, algo raro había. La luna "tenía agua". Esa aura maldita que la gente de campo ve como presagiadora de mal tiempo.
Efectivamente, poca fue nuestra sorpresa al despertarnos al día siguiente y comprobar lo gris del cielo. A la mierda con el día de playa, fuimos porque "había que ir", me tiré al mar "porque había que tirarse" (igual el agua estaba excelente).
Pero sin sol, no es lo mismo. Uno va a la costa y debe volver colorado y a punto de pelarse la piel.
El sol recién se asomó el domingo, a la mañana. Quién carajos está levantado un domingo a las 9:30 de la mañana? Pedazo de pelotudo el Astro Rey, a eso de las 11:00, hora en que yo sí me levanté, se cubrió con un manto de nubes que abarcaban toda la extensión del cielo que yo podía observar. Y así se mantuvo hasta el momento en que partimos hacia Buenos Aires. Mi amigo, mi blanca piel y yo.
Por otra parte, ya que estaba nublado, y principalmente a la noche, decidimos salir a recorrer el centro.
La puta madre, es como si parte de Fuerte Apache se hubiera mudado a Gesell. Una negrada impresionante había. Negros bardeándose desde las esquinas, con cajitas de vino en la mano. Al lado del bar donde nos encontrábamos nosotros tomando unos copetines, vinieron unos negros, apuraron a un boludito que estaba sentado ahí, y empezaron a volar sillas, mesas, negros, botellas. Al flaquito le patearon tantas veces la cabeza que lo poco de cerebro que tenía se le fué por la herida.
En fin, una garcha.
Además de negros, se llenó de Gotiquitos. No entiendo, supuestamente escuchan música re pesada, re loca, el mundo los odia. Sin embargo son los número uno jugando al "Pump It Up". En un momento yo quise jugar a ese juego, y viene uno disfrazado de Neo Tercermundista y me dice "Flaco, con velocidad jugás mejor, te pasan las flechas más rápido y no te confundís". "Nooo, yo de esto, cero, así que estamos en la misma", le dije. Jugué las únicas canciones que sé que son: Run to You, la del fotógrafo, la del skater, la de Novasonic, Lazenca y la de Beethoven.
Después los ví jugar a eso, y realmente me han dejado pasmado: Cuánto tiempo al pedo que tienen y cuánta plata de papá tirada en esa maquinita.
Bueno, me estoy cansando de escribir, la cuestión es que el domingo vuelvo y nos embotellamos en el peaje de la 2. La reputa madre, nos comimos media hora en el quilombo y de golpe abren las barreras para que pasen los autos libremente.
Con tanta mala leche que la bajan dos autos antes de que llegáramos nosotros. Nos resistimos a pagar el peaje, pero los muy guachos nos cobraron. Putos.
Lo bueno de los embotellamientos es que a veces uno ve a la hija del conductor del auto que está al lado. Así que durante esa media hora nos fuimos tirando besos y haciendo caritas con una minita.
Después en todo el puto viaje nos encontramos a boludos que venían domingueando en plena ruta 2. Uno viene a 150 y te encontrás con un pedazo de forro a 80, parando todo. Y los maricones que no se animan a pasar. Loco, de algo hay que morir y qué mejor morir volviendo de vacaciones que laburando.
Bueno, todo el viaje haciendo luces para pasar.
Llegué a mi casa, fin de las ¿vacaciones?

Eso sí, no vuelvo más a Gesell, cada vez me convenzo más de que la costa no va más.

Ah, casi hacemos explotar la casa donde parábamos. Compramos una Coca-Cola de 3 litros, tan famosa en la costa y a un amigo se le cayó. El envase se golpeó por todos lados.
Tuvimos que llamar al escuadrón antibombas para que la destapen.
Por suerte sólo hubo un oficial empapado en espuma cocacolera.