Viva viva viva!...

lunes, agosto 01, 2005

 
Hace mucho tiempo había comentado que mi imaginación venía decreciendo en tamaño desde hace varios años.
Sin embargo, hoy estoy dudando de esa afirmación. Algo ha sucedido y ha funcionado como disparador para que mi imaginación comience a hacer gimnasia y a ponerse en forma. Si bien todavía estoy analizando qué carajos fué lo que la disparó, siento en mi cabeza como si miles de termitas estuvieran saltando para todos lados. Tal vez sea que el aserrín se les acabó, vaya uno a saber, ni en pedo les pregunto porque con las termitas no se puede hablar porque son histéricas y aparte no saben hablar.
Yo de chico siempre le he dado vida hasta a los objetos más inertes, como bien pueden serlo un lavarropas, un ladrillo o mi hermano. Siempre escribía pelotudeces para Lengua en la primaria, luego devenido Literatura en la secundaria. Esas pelotudeces me valieron siempre buenas notas y alguna que otra visita a la psicopedagoga.
En fin, yo era un incomprendido con un gran potencial. Lo cual solo quería decir que la gente me iba a comprender cada vez menos a medida que vaya transcurriendo mi vida.
Gracias a la incomprensión y opresión y a la admisión, compresión, explosión y escape, que son los cuatro tiempos del ciclo Otto para motores de combustión interna y que no tiene nada que ver con lo que estoy diciendo y solamente sirven para hacerles perder el tiempo a ustedes, es que mi imaginación se fue autoevacuando cuando vió que se le venía encima una avalancha de prejuicios, estupideces y cuestionamientos.
Así fue que con el pasar del tiempo me fui olvidando de escribir, de crear personajes, de dibujar, de imaginar. Me pongo a pensar, a mirar hacia atrás y sólo veo la ventana de mi cuarto, la cual se encuentra a mis espaldas. Más allá de eso, hago un breve y resumidísimo repaso mental de mi vida y pienso: "En qué se fue el tiempo?".
"Pero la puta madre!" me digo a mí mismo. Vuelvo a analizar lo que estoy haciendo y me siento un viejo choto. Sentarse con ojotas puestas sobre las medias era cosa que mi abuelo solía hacer. Me saco las ojotas y me sigo sintiendo un viejo choto, renegando del tiempo perdido.
Y me voy amargando más a medida que avanzo en el tipeo de este texto incoherente que sólo me recuerda que con cada tecla que presiono se me va una porción de tiempo que podría haber utilizado productiva y eficientemente.
Y luego recuerdo que muy pocas veces utilicé el tiempo productiva y eficientemente. Me angustiaba incluso saberlo y no hacer nada al respecto.
Digamos, como para tomar un ejemplo universal de lo que vendría a ser yo, que soy una especie de Felipe, el amigo de Mafalda, entrañables personajes de Joaquin Lavado, más conocido como Quino.
Soy un tipo que siempre supo que había que hacer la tarea, pero se dejaba estar hasta el momento en que casi no había tiempo y terminaba haciendo todo a las apuradas. Desde que me recuerdo hasta estos actuales días es que soy así. Hoy por hoy, en el trabajo, no hago más que ver cuánto tiempo puedo tener las cosas colgadas hasta el momento de tener que hacerlas porque la cosa va a explotar. Si fuera experto en desactivar bombas, lo haría siempre en el segundo previo a la detonación.
Volviendo al tema de la imaginación, aquí estoy, tratando de recuperarla y ustedes, queridos amigos, no son más que pobres presos de mi ilusión (siento como si le estuviera robando algo a alguien), ya que sólo escribiendo y escribiendo voy a lograr mi meta. También tengo otras metas, pero para lograrlas necesito otro tipo de cosas...

Por ahora quiero recuperar mi imaginación, me dí cuenta de que es la única manera de liberarme de mí mismo.