Viva viva viva!...

miércoles, noviembre 16, 2005

 
Tengo un compañero en el trabajo al que odio con toda el alma. Ojo, no sólo yo, sino que mis otros compañeros también lo odian.

En principio, lo odiamos porque fue traído a la empresa recomendado por el gerente de Sistemas.
Después lo odiamos por obsecuente total, chupamedias de los jefes.
Luego, lo odiamos porque no para nunca de hablar, y encima que tiene voz de pito se dirige a uno con expresiones del tipo "Pá", "Master", "Campeón" y "Máquina".
Lo odiamos porque encima que no para de hablar, cualquier experiencia que uno haya vivido él la vivió antes y mucho más fascinantemente.
Lo odiamos porque es feo. Negro, orejón, con aparatos en los dientes, la mandíbula exageradamente salida hacia afuera al punto que los dientes de abajo están más afuera que los de arriba, y camina como si tuviera un palo en el orto.
Lo odiamos porque cree que se las sabe todas.
Lo odiamos porque amaga a darnos órdenes.
Y principalmente lo odiamos porque gana el doble que nosotros.


Ejemplos de este hijo de puta:

Un día lo veo con un traje negro con rayitas grises y no tuve mejor idea que comentarle:
-Che, parece que fueras de la mafia así vestido.
A lo que me responde:
-Callate, que la familia de mi abuela era de la mafia siciliana y cuando ella fue a italia tenía que dar contraseñas para que la reconozcan como de la familia y bla bla bla bla bla...

Otro día, en el comedor comento:
-Quería escanear un manual de un auto, pero como tomaba mucho tiempo, le pedí a un amigo la cámara digital y le saqué fotos a todas las hojas...
Y este hijo de puta dice:
-Ah, sí, mi hermano el viernes se compró una cámara digital porque tenía que escanear un libro y era más fácil así...
(juro que no miento!)

Otra más, un compañero comenta que por una apuesta le mandaron del sur en un paquete con hielo, un corderito para hacer a la parrilla.
Y este orejón feo dice:
-Una vuelta mi abuelo, que tiene un criadero de corderitos en el Sur me mando una encomienda con hielo y un corderito...

Hay miles más, ya que increíblemente el tipo, a pesar de sus mal llevados 25 años, hizo todo lo que tres de 25, uno de 27, uno de 37, y otro de 40, hicieron en sus respectivas vidas.